Pues si, no se si afortunada o desafortunadamente pero todo llega y como no podía ser de otra manera, mi cita para el día 17 con el quirófano llegó puntual.
Venía de un viaje de casi una semana por Polonia, y el mismo lunes por la mañana estaba haciendo mis últimos kilómetros corriendo por una campiña cercana a Varsovia. Nuestro avión salía a las 3 de la tarde y para bajar algo de lo mucho que cenamos y comimos en la boda (que ya os contaré) hice una carrera de 45 minutos para conformar a mi conciencia atiborrada por las calorías de la boda.
Ayer miércoles ingresé a eso de las 9 de la mañana, me pasaron a la habitación y me pusieron una bata de papel como el que se usa en los manteles baratos. Una cosa entre tela y papel que también se utiliza para algunas bolsas. Llego una auxiliar de clínica comprobó mi depilación y me la repasó en 30 segundos. A las 12:40 llegaron y tras subirme a la cama me transportaron cual carrito de supermercado por los diferentes pasillos y ascensores. Yo notaba como la gente pensaba a la vez que me miraba “Ufff, no me gustaría estar ahí” Y la verdad es que a mi tampoco me gustaba mucho.

Por fin llegamos al quirófano. Tenía una pantalla desde la que verían mi rodilla por dentro y un montón de aparatos que a los frikis como yo, nos llaman la atención y de estar en otra situación me hubiese gustado manipular. Me pusieron un gorrito y me preguntaron que cual era la pierna del delito. Les dije que la izquierda y me hicieron una cruz con rotulador. Os aseguro que esto me tranquilizó, pues siempre pensé que como me había depilado las dos piernas para no tener mas frío en una que la otra, igual se confundían y me arreglaban la buena. Despues llegó el anestesista, me cogio una vía en la mano izquierda, me pusieron un gotero de dos litros nada menos y me dijo que me iba a inyectar un tranquilizante para que me relajase ante una situación de tanto estres. Como me habían puesto antes unos sensores cardioelectricos, miré el monitor y mi ritmo cardiaco había subido de 56 a 80 pulsaciones, por lo que está claro que me afectaba ver a tanta gente pululando alrededor con toda suerte de artilugios que yo ni siquiera sabia para que eran. Pese a que el anestesista me dijo que tal vez me marease por el sedante que me había inyectado, y mientras estaba sentado al pie de la cama, pensé que el sedante era muy flojo porque no había notado ningún mareo ni nada de nada. Ya no recuerdo nada mas. Desperté en mi habitación y allí estaba mi hija sentada. Eran las tres y media de la tarde, abrí los ojos y los cerre de nuevo. Ya volví a abrirlos a las cinco de la tarde. Tenía una sonda de drenaje que salía de la rodilla y un gotero en la vía de la mano, pero no me dolía nada. Entonces me di cuenta que todavía tenía las piernas dormidas y así, claro que no me dolía. Al poco tiempo llegó una enfermera y me dijo que tenía que orinar porque si no lo hacía rápido tendrían que sondarme, que por lo que me han contado no es muy agradable. A las 8 de la tarde vino otra vez la enfermera urgiendome a llenar un bote de plástico de orina, pero… mis piernas estaban despertandose muy lentamente y pero la zona genital es la última en despertar del letargo, por lo que…… la meada tendría que esperar. La buena de la enfermera me dio un ultimatum, las once era la ora cero para meterme un tubito por mi tubito. Como si de un banco se tratase, pude negociar y llegar al acuerdo de que las doce era la hora clave, que si para entonces mi carroza no espabilaba, se convertiría en calabaza. A las doce en punto empecé a notar los primeros síntomas de sensibilidad pero …. de ahí a echar una cálida meada…iba un trecho. Por lo visto la enfermera debía estar viendo “Hospital Central” “Anatomía de Grey” o cualquier otro simposium profesional porque a la una menos cuarto ¡Loado sea el divino! (y no soy creyente) Tras ímprobos esfuerzos, pude echar como litro y medio del preciado líquido amarillo. Estaba por llamar a todos los amigos y celebrarlo como la Nochevieja o si de una boda se tratase, pero lo tardío de la hora me hizo desistir.
Cuantas veces me acordé de lo que mi amiga Marieta me había dicho “Vas a flipar a la hora de orinar”
¡Va por tí, Marieta!
Por cierto, el próximo martes le toca a ella, así que a eso de las diez y media me acordaré mucho y rezaré para que no tengan que sondarla, porque además de doloroso, incómodo, etc… se producen muchas infecciones durante el procedimiento.
Volviendo al tema, ya pasé la noche jodido, incómodo, dolorido, pero…. feliz. No me tenían que sondar. Por la mañana pasó el doctor y me dijo que directo a mi casa. Cogí mis muletas y….. me he pasado todo el día trabajando, pero esa es otra historia.