Comida en Villajoyosa
Ayer estuve comiendo con una guapa profesora de piano que trabaja en Benidorm, y como quería quedar como un marqués, la llevé a un restaurante que se llama “Hogar del Pescador”, donde los productos son de muy buena calidad y hacen unos arroces que hasta mi amigo Juan Moreno (experto arrocero) aplaudiría. Tomamos un arroz con bogavante, unas quisquillas y unas almejas en cebolleta. Luego un helado de mascarpone con chocolate caliente. No estuvo mal, pero lo mejor fueron nuestros vecinos.
Ella era una mujer de unos 27 años, guapísima, 1.70 de altura, rubia de pelo liso y largo, ojos azules, una cara de angel y con un tipazo que podría ser modelo. El rondaba los 50, escuchimizado, pelo ensortijado, vestía con ropa muy cara, chaquetón de ante y zapatos a juego. Era una pareja que desde el principio desprendia un tufo de relación extramatrimonial. Lo bueno fue la conversación casi a voz en grito por parte de ella. Os resumo algo
El -Mira, yo estoy ahora en una situación muy embarazosa y complicada....... no puedo
Ella -Pero tu me dijiste......... llega un momento en que esto no puede ser.....
El -Ya, pero... las cosas cambian y ahora no puedo
Ella -Te recuerdo que yo dejé a un chico que se querìa casar conmigo y todo por ti
El -Pero no te gustaba tanto como yo y además yo te quiero mas
Ella -Tienes que decirselo a tu mujer, solo te pido eso
El -Sabes que eso es lo que a mi me gustaría, pero tengo hijos y no quiero que sufran
Ella - Además, últimamente apenas me llamas, solo quedamos para ....
. (aquí bajó la voz) .. y tampoco es como al principio, media hora y tienes que irte
El -Eso no es así, no te llamo porque nunca estoy solo, pero sueño con el momento en
que nos podemos encontrar (Aquí le cogió la mano y ella se dejó)
Ella -Tienes que intentar sacar mas tiempo, aunque solo sea para llamarme,
me encuentro muy sola
(En este momento estuve tentado a darle mi teléfono, pero tuve un ataque de lucidez y pensé que la siguiese manteniendo el otro)
Esta fue mas o menos la conversación que se repitió durante toda la comida, y las mesas estaban tan juntas que nosotros nos engachamos al culebrón y nuestra conversación sobre pianos y otras zarandajas pasó a segundo término.







